FEMINISMO: Una causa que nos toca a todos
Artículo de opinión escrito por CML
El novio que revisa el móvil de su pareja… porque le quiere mucho. La amiga que deja de hablarle a otra porque ambas están interesadas en el mismo chico. El cuñado que, en cada cena familiar, repite: Las mujeres nacieron sabiendo cocinar, es instinto... En fin. Todas estas escenas son tan comunes y cotidianas que pasan desapercibidas. Nadie las cuestiona.
Pero ¿y si te dijera que estos gestos insignificantes son, en realidad, los ladrillos de un edificio enorme? Un sistema que llevamos construyendo durante siglos, muchas veces sin darnos cuenta. Entre todos.
El sistema que no vemos
Hay un conjunto de creencias y hábitos que aprendimos sin cuestionar. Desde pequeños, se nos enseñó a normalizar ciertas actitudes. Está tan presente en nuestra vida diaria que a menudo ni lo notamos.
Lo absorbimos en los cuentos que nos leían (donde las princesas esperan a ser rescatadas), en las películas que veíamos (donde el protagonista conquista a la chica), en la forma en que nos hablaban en casa los niños no lloran, las niñas deben ser delicadas, en cómo nos trataban en el colegio.
Este sistema tiene un nombre: patriarcado. Y da más poder y privilegio a los hombres que a las mujeres. Lo han sostenido ambos géneros durante generaciones, muchas veces de forma inconsciente.
Pero aquí está el problema: reconocer que existe no es suficiente. Entonces… Qué se hace al respecto?
Más allá de las víctimas
Ser víctima de este sistema no significa que sepamos automáticamente cómo cambiarlo. Muchas personas sufren sus consecuencias sin entender del todo por qué están ahí o cómo desmontarlo.
El verdadero reto no es solo señalar la injusticia. Es dejar de ser víctimas pasivas y también dejar de ser cómplices silenciosos.
Todos hemos tenido en algún momento pensamientos o actitudes machistas. El primer paso no es negarlo con indignación, sino reconocerlo con honestidad. Solo así podemos trabajar para cambiarlo.
Si de verdad queremos acabar con el sexismo, no podemos dejarles la responsabilidad únicamente a las mujeres. Esta lucha nos concierne a todos, porque todos formamos parte del problema… y de la solución.
Hombros de gigantes
Vale la pena reconocer a todas las mujeres que llegaron antes que nosotros. A las que comenzaron a hablar, incluso cuando no se las escuchaba. A las que se organizaron con pocos recursos para compartir sus experiencias.
A las que estudiaron o trabajaron en entornos machistas y aun así se atrevieron a cuestionar lo “normal”. Y, por supuesto, a quienes arriesgaron su reputación, su trabajo, incluso su vida por esta causa.
Lo hicieron sin garantías. Sin saber si las cosas cambiarían realmente. Pero lo intentaron de todas formas.

Una revolución lenta
No creo que sea un proceso rápido. Probablemente tome generaciones. Pero imagina si cada persona hiciera ese ejercicio de reflexión y empatía.
Si cada uno de nosotros se preguntara… ¿En qué momentos he contribuido a sostener este sistema? ¿Qué actitudes mías refuerzan desigualdades sin que me dé cuenta? ¿Qué puedo hacer diferente mañana?
Eso sí sería una revolución. Silenciosa, quizás. Pero IMPARABLE.
Porque al final, el feminismo no busca superioridad. Busca igualdad. No es una batalla entre géneros, sino una invitación a construir juntos una sociedad más justa, equilibrada y verdaderamente igualitaria.
Una lectura que cambió mi perspectiva
Hace poco, leyendo El feminismo es para todo el mundo de Bell Hooks, me encontré con una frase que resume todo esto perfectamente:
La sororidad feminista está enraizada en el compromiso compartido de luchar contra la injusticia patriarcal, sin importar la forma que tome esa injusticia. La solidaridad política entre mujeres siempre socava el sexismo y prepara el escenario para la destrucción del patriarcado.
A primera vista, suena intenso. Pero lo que más me gusta de este libro es que no excluye a los hombres de la conversación. «Todo lo que hacemos en la vida tiene una base teórica…si exploramos de manera consciente las razones que hay detrás, encontraremos un sistema subyacente que conforma los pensamientos y las prácticas.» explica Hooks.
“Ser víctima de un sistema opresivo no significa que sepamos por qué está ahí o cómo cambiarlo”.
Este libro me ayudó a entender que esta lucha no es de ellas ni de ellos. Es nuestra. De todos nosotros. Y esa, creo yo, es una historia que vale la pena contar.
Si quieres saber más o necesitas apoyo…
RECURSOS E INFORMACIÓN DE INTERÉS EN TELDE
1- En el CENTRO MUNICIPAL DE ATENCIÓN A LA MUJER puedes encontrar un servicio integral que ofrece orientación jurídica, psicológica y social a mujeres, especialmente en situaciones de vulnerabilidad o violencia de género. Atienden con cita previa
2- A TÍ, MUJER es una asociación sin ánimo de lucro que brinda apoyo psicosocial, emocional y legal.

