Historias del español medio y sus temores (según el CIS)
Los datos del CIS no mienten. Tampoco cuentan bromas. De eso nos encargamos nosotros. Vamos a ver qué esconde el CIS detrás de las cifras sobre el español medio y sus miedos.
Se llama Rosa o Carlos.
O ninguno de los dos, pero vamos a llamarles así porque es más fácil.
Rosa tiene unos 40 y pico, trabaja en algo que no acaba de explicar bien en las cenas, y se considera de clase media. Clase media-media, para ser exactos. No clase media-alta, que eso sería pretencioso. Tampoco clase media-baja, que eso da mal rollo. El punto dulce donde el 37% de los españoles ha decidido instalarse con una cerveza y cierta dignidad.
Lo que de verdad le quita el sueño no son las guerras ni los mercados financieros. Lo que más miedo le da a Rosa es perder a los suyos. Luego la salud. Luego el cáncer.
Los grandes terrores del español medio no son abstractos ni geopolíticos: son los de cualquier persona normal que quiere que su hijo llegue bien a casa.
Ahora bien, Rosa también piensa en la guerra. En la democracia. En si esto se va a torcer del todo. Mientras espera el autobús, en la clase de yoga, mientras finge escuchar al jefe. Y luego llega a casa, se pone La isla de las tentaciones y lo aparca hasta mañana. Porque vivir hay que vivir.
Luego está Carlos.
Carlos tiene cincuenta y tantos y jura que él no tiene miedos. «Yo soy de los que no tienen miedo a nada», dice en las barbacoas, con una cerveza en la mano y una seguridad admirable. Lo que Carlos sí tiene, según él mismo reconocería en una encuesta anónima, es «cierta preocupación» por la salud, «algo de inquietud» con la pensión y «una sensación rara» cuando ve las noticias antes de dormir.
Carlos es, técnicamente, el 26% que marcó «ningún o casi ningún miedo». Carlos miente un poco. Pero con mucha convicción.
Y aquí está la gran paradoja del informe del CIS
El mismo país que ve deterioro democrático, conflictos sociales en aumento y posibilidad seria de guerra nuclear… ese mismo país se declara, en su gran mayoría, OPTIMISTA. No es negación. Es algo más sofisticado y más español: una resiliencia cotidiana que consiste en tenerlo todo muy claro y seguir adelante igualmente. El equivalente emocional de ver el parte meteorológico, confirmar que llueve, y salir a la calle con chanclas de todas formas.
Rosa lo sabe. Carlos también, aunque no lo admita. Y los dos seguirán quejándose del precio del aceite, opinando sobre el fútbol y considerando seriamente si este verano se pueden permitir una semana en la playa.
Porque la incertidumbre está, sí. Pero el vermú también.
Por supuesto, ni Rosa ni Carlos existe.
Pero mírate bien. Igual te suena.
FUENTE: ESTUDIOS SOBRE TEMORES EN LA SOCIEDAD ACTUAL – CIS – FEBRERO 2026

