El traficante que no prueba su propia mercancía
China exporta la versión de TikTok que engancha y se reserva para sus hijos la versión que educa
Son las tres de la madrugada y el techo de tu habitación lleva media hora iluminado por un rectángulo de color azul. No te acuerdas cuándo cambiaste el vídeo del gato bailando por el vídeo de la receta de bizcocho… ni por qué ahora ves a un tipo ruso desarmando un motor. Solo sabes que el pulgar no para y que mañana hay que madrugar.
Si esta escena te suena familiar, bienvenid@ al invento con el que ByteDance conquistó el planeta: TikTok.

Lo curioso (por llamarlo de alguna manera elegante) es que en Pekín nadie vive así. Allí, el hijo del ingeniero que programó el algoritmo que te tiene hipnotizado usa Douyin, la versión doméstica de la misma app, y a las diez en punto la pantalla se apaga sola. Antes de eso, solo dispone de cuarenta minutos diarios, y ni rastro de bailes virales. Solo ciencia, historia, arte… contenidos que el profe del cole habría dejado como tareas para casa.
La cosa no queda en una aplicación. Una guía oficial publicada en China en el 2024 recomienda que los dispositivos móviles utilizados por menores de 16 años establezcan un límite predeterminado de una hora diaria, ampliable o modificable por los padres. Para los jóvenes de entre 16 y 18 años, la recomendación predeterminada es de dos horas. El lenguaje del documento no deja lugar a la ironía: habla de “prevenir e intervenir” contra la adicción a internet, con la seriedad de quien ha visto realmente de qué va la cosa y no le gusta nada…
Nadie afirma que el Gobierno chino dirija ByteDance como una marioneta, y conviene no confundir empresa con Estado. Pero la coincidencia resulta, cuando menos, elocuente: dentro de casa (en China), cronómetro y contenido educativo; puertas afuera, la versión sin frenos que exporta al resto del planeta, tuya y mía incluidas. El negocio, al final, depende exactamente de aquello que China ha decidido racionar entre los suyos: que el pulgar no pare, que el bizcocho nunca se haga, que amanezca antes de que sueltes el teléfono.




